Alimentación Viva o Crudi-Vegana: ¿Qué es y cómo nos beneficia?

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Para los que no la conozcan, la alimentación viva (también conocida como raw food en inglés, o crudivegana) se basa en el consumo de alimentos de origen vegetal en su estado natural, es decir, crudos, que no han sido sometidos a ningún procesamiento que supere los 42-45 grados, por encima de los cuales la riqueza nutricional de los mismos disminuye, mientras que sus efectos perjudiciales para la salud aumentan.

Aunque existen personas que dentro del movimiento raw food también consumen alimentos de origen animal en estado crudo (como miel, huevos, queso e incluso carne, ¡!!!), yo no los incluyo por innumerables motivos de tipo ético, y porque resultan innecesarios para gozar de una buena salud.

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Dentro de una alimentación viva podemos disfrutar de vegetales, frutas, hojas verdes, semillas, frutos secos, pastos de cereales, granos germinados, algas, raíces, tubérculos…; y elegir entre una alimentación más sencilla, u otra de tipo más “gourmet” (en la que se adaptan platos cocinados y se crean versiones crudas), aunque lo más común es que acabemos reservando las preparaciones más elaboradas para los encuentros sociales.

Aunque conocí la alimentación viva hace diez años, he estado yendo y viniendo durante muchas épocas, aprendiendo de los errores, hasta que hace unos pocos años la retomé, y conseguí experimentar unos niveles de salud y felicidad nunca soñados por mí.

He aquí todos los cambios y beneficios que noté al adoptar una alimentación viva (vegana, cruda, alta en hidratos (sobre todo frutas), moderada-baja en grasas y proteínas, y ecológica en la medida de lo posible):

 

A nivel fisiológico:

Aumenta la energía, gracias al aporte de hidratos de carbono de rápida asimilación presente en frutas y verduras, y a la liberación de energía necesaria para la digestión y la desintoxicación que se produce. ¡Adiós cansancio, hola energía desbordante! 🙂
El organismo aprovecha mejor todos los nutrientes de los alimentos: vitaminas, minerales, proteínas, grasas, glúcidos, fibra, enzimas y fitonutrientes, muchos de los cuales se alteran o se destruyen durante los procesos de cocción. Mi eternamente presente anemia y niveles de b12 bajos desaparecieron, así como mi exceso de colesterol y triglicéridos.
Mejora el funcionamiento del sistema inmune y de las células, activando el sistema endocrino y elevando nuestras defensas, con lo que nos volvemos menos propensas a “pillar” resfriados y estados víricos (intentos del cuerpo de eliminar toxinas).
• Es desintoxicante. Por un lado, los alimentos crudos poseen un gran poder depurativo. Por el otro, se evitan los efectos tóxicos, cancerígenos, neurotóxicos y adictivos (explicación fisiológica de la resistencia al cambio de hábitos) que genera la cocción sobre proteínas, grasas y carbohidratos.
Ayuda a regular el peso (adelgazar o engordar, lo que se necesite), si se acompaña con ejercicio físico regular. Yo, por ejemplo, engordé al empezar a comer solo crudo, gracias a la mejora en mi capacidad para digerir y asimilar nutrientes.
Alcalinizamos el medio interno, con lo cual prevenimos muchas enfermedades (que sólo se pueden desarrollar en un medio interno ácido y carente de oxígeno).
Favorece un descanso y sueño reparador. El cuerpo ya no tiene que dedicar por las noches tanto tiempo a la reparación y desintoxicación, así que el descanso mejora. Mi insomnio y pesadillas desaparecieron. Ahora sólo descanso peor cuando he tomado una cena demasiado tardía o pesada.
Ayuda a revertir el proceso de envejecimiento, ya que son alimentos con alto contenido de antioxidantes y enzimas capaces de revitalizar y regenerar el organismo. Donde más se suele notar es en la piel. La mía pasó de estar seca, agrietada y grasa a lucir suave, hidratada y sin acné. Hoy por hoy sólo me sale algún granito en las ocasiones esporádicas en que como algo demasiado procesado o graso.
Evita la constipación, favorece el proceso digestivo y estimula la producción de flora bacteriana benéfica. Mis digestiones mejoraron, y el estreñimiento desapareció.

 

A nivel emocional-mental:

• Se consigue mayor claridad mental, capacidad de concentración y memoria.
Se superan adicciones (no sabes lo adictivo que pueden resultar las harinas, por poner un ejemplo, hasta que consigues vivir sin ellas).
• Se experimentan mayores niveles de satisfacción vital, alegría y serenidad interior. Los alimentos vivos son ricos, entre otras cosas, en triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina (también considerado el neutrotransmisor de la “felicidad” y el bienestar). Yo estoy convencida de que muchas depresiones y estados de tristeza crónica sin motivo aparente poseen una causa nutricional y pueden curarse a través de la alimentación, tal y como lo demuestra mi experiencia, y otras tantas contrastadas. Algo muy curioso que me pasa hoy en día, es que en épocas en las que me paso más de dos o tres días comiendo demasiado procesado (con harinas, gluten, levaduras…etc) mi energía y mi estado de ánimo caen en picado, y la tristeza me invade.

 

A nivel práctico:

Ganamos en tiempo. Lo primero que notas cuando sigues una alimentación viva es que recuperas muchas horas del día. El tiempo que antes dedicabas a preparar tu comida, a cocinarla… y por supuesto, a digerirla, ahora lo tienes disponible para lo que desees.
Ahorramos dinero. Sin vitrocerámica ni horno ahorras bastante en consumo eléctrico (las batidoras o licuadoras que se suelen utilizar en la alimentación viva no consumen tanto, ni son realmente estrictamente necesarias), y por supuesto, ahorras mucho en medicamentos y tratamientos. Hoy en día también es posible comprar ecológico a buen precio gracias a los grupos de consumo y las cooperativas locales.

 

Y lo mejor de todos estos beneficios… ¡es que no hace falta comer 100% crudo para notarlos! De hecho, resulta indispensable realizar una transición paulatina que posibilite al organismo ir eliminando las tóxinas acumuladas sin llegar a colapsarse, así como tener en cuenta otros factores influyentes en la salud (emocionales, sociales, ambientales…etc).

Aunque mi experiencia actual es que sólo cuando he comido 100% crudo durante un periodo prolongado de tiempo mis niveles de satisfacción han sido increíbles, introduciendo un mínimo de 70-80% de crudo al día, más una o dos porciones de cocinado saludable (verduras, tubérculos, cereales sin gluten…) se pueden experimentar mejorías maravillosas.

Así que ya saben. Poco a poco, y asesoradas profesionalmente si es necesario. Una ensalada al día, cambiar harinas por panes y postres crudiveganos, comenzar a experimentar con los batidos verdes… Y a disfrutar de la vida con salud, haciéndonos el menor daño posible a nosotras mismas, y a los demás animales con los que compartimos este planeta 🙂

2 Comentarios

  1. Entiendo que te sientes mejor cuando comes, un 70/80. Crudos y resto cocinando, que 100% crudo?

    • Buenas noches Jose! Al revés! Mi experiencia hoy por hoy es que no ha habido etapa en mi vida en que me haya sentido mejor tanto física como emocionalmente que cuando cuando he estado al 100% crudo estilo 801010. Hace año decidí “sacrificar” ese bienestar superior en pos de otras cuestiones en mi vida, pero manteniéndome en un al menos 70/80 % crudo obtengo niveles de satisfacción vital también mucho más superiores que incluso cuando esporádicamente consumo alimentos más procesados y refinados.

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