Mi experiencia: la candidiasis se cura.

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Me paro a pensar, y me parece increíble que “tan sólo” hayan pasado dos años desde que le puse nombre a lo que me ocurría, y comenzara esta nueva etapa de sanación y aprendizaje gracias a la candidiasis.

Aún recuerdo la enorme sensación de alivio que sentí cuando, gracias a las aportaciones de varias personas que la habían padecido y que me ayudaron a verlo, descubrí lo que me ocurría.

LOS COMIENZOS

Fue poco después de que me diagnosticaran oficialmente de intolerancia a la fructosa, y me condenaran a una vida miserable sin poder comer prácticamente nada vegetal. Durante un tiempo intenté seguir una alimentación vegana (ya lo era por los animales) baja en fructosa, pero no mejoraba en absoluto, así que un día de agosto simplemente me harté de que todo me sentara mal, y dejé de comer. No fue un ayuno racional ni planificado, así que no lo recomiendo en absoluto, pero siento que fue lo que necesité hacer para parar y crear un punto de inflexión (dicen que situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas…).

PRIMER AYUNO HÍDRICO

Así que en pleno agosto de 2012, me dispuse a llevar un ayuno a sólo agua de al menos una semana para darle un descanso a mi cuerpo y comprobar cómo me sentaba la vuelta a la comida. Físicamente fue una experiencia bastante desagradable (describiré mi experiencia con los ayunos en otro post), pero lo recuerdo como la primera vez que me sentí realmente en paz y plena por dentro. Además, cuando volví a introducir la fruta y las ensaladas, me sentí genial, sin absolutamente ningún síntoma, pero la ansiedad por comer regresó, y al volver a consumir aceite y cocinados, todos los síntomas de malestar también. Lo bueno fue que descubrí que la fruta y los vegetales en general, a los que supuestamente era intolerante, no me sentaban mal con el estómago vacío, así que algo tenía que estar  fallando para que al reintroducir grasas y comida cocinada/procesada (ahora sé que eso fue lo que hice mal!) todos mis síntomas regresaran.

MIS SÍNTOMAS

Para que os hagáis una idea, esta es una lista de los síntomas que puedo recordar, algunos presentes en mí desde que tengo uso de razón:

–  Bronquitis, sinusitis, faringitis y laringitis crónicas, neumonías y alergias. Tos y mucosidad abundante y constante. Afonía.

–     Hinchazón abdominal, vientre muy duro, gases, punzadas de dolor, estreñimiento alternado con diarreas. Retención de líquidos.

–     Infecciones vaginales. Flujo espeso y maloliente, picor, dolor, sequedad y hasta sangrado al mantener relaciones sexuales. Infecciones de orina recurrentes.

–      Irresistible deseo de comer carbohidratos (pan, patatas, dulces…)

–      Sensación de borrachera y resaca, sin haber consumido alcohol.

–     Piel extremadamente seca, incluida la de los labios y el cuero cabelludo. Sensación de picor constante.

–    Llagas de pus en boca, lengua y garganta.

–   Náuseas, vómitos.

–   Cefaleas tensionales, dolores de cabeza constantes.

–    Depresión, altibajos emocionales, cambios de humor. Ideas suicidas, sensación de “no pertenecer a este mundo”, apatía.

–    Dificultad para concentrarme y pérdidas de memoria.

–    Mareos. Sensación de debilidad y cansancio extremo.

–    Calambres musculares. Hormigueo en piernas.

–    Intolerancia a la fructosa.

–    Insomnio, pesadillas.

Como os podréis imaginar, mi vida era un infierno…

Si consultáis la lista de síntomas y enfermedades asociadas a la candidiasis crónica, yo presentaba prácticamente el 100%, así que estaba claro. Por lo menos ya podía comprender por qué me pasaba lo que me pasaba, y que mi novio dejara de pensar que era una “exagerada” o una hipocondriaca 😉

PRIMER PASO: ELIMINAR TÓXICOS Y AUMENTAR VEGETALES CRUDOS.

Llegado este momento, y teniendo claro que se trataba de un problema de origen intestinal, comencé a seguir la típica dieta anticándidas muy baja en hidratos de carbono (a la vez que 100% vegetal, claro), intentando eliminar  tóxicos (gluten, refinados, azúcar, fritos, etc…) y meter todo el crudo posible en forma de ensaladas y licuados con vegetales. A pesar de que los síntomas parecían disminuir en intensidad, no me acababa de sentir bien. Continuaba perdiendo peso a pasos agigantados, y la sensación de  hambre era constante, así que a menudo recaía y comía cosas que me hacían daño. En medio de todo esto, aproveché un retiro de meditación en otoño para realizar otro ayuno a base de aceite de coco, agua y hierba de trigo e intentar seguir limpiando mi intestino (entonces aún tenía la idea de que tenía que “matar a las cándidas”, de ahí que usara el aceite de coco como antifúngico).

En  navidades, después de más de 6 meses sin probar la fruta más allá de alguna manzana ácida o alguna papaya, y echándolas mucho de menos, me atreví a volver a introducir alguna, y probé con las mandarinas. Oh, diosss… aún recuerdo la primera que comí, en la playa, frente al mar… ¡Me supo a gloria! Y aún a pesar de que al principio mi cuerpo protestaba un poquito, me permití comer de vez en cuando naranjas o mandarinas en ayunas, bien separadas de las comidas principales.

SEGUNDO PASO: DETOX Y PEQUEÑOS AYUNOS. PERMITIR AL SISTEMA DIGESTIVO DESCANSAR Y DESINTOXICARSE.

A finales de invierno también me decido a hacer una detox a licuados de frutas y verduras durante 10 días, y además de que mis síntomas continuaban disminuyendo, me sirvió para terminar de confirmar lo muchísimo que me gustaba la fruta y lo bien que me sentaba siempre que no la mezclara con cocinados o procesados.

Tras esto, en la primavera de 2013, habiendo ya mejorado muchísimo con una alimentación cruda al 80% alta en vegetales sobre todo pero también en grasa, sentía que me faltaba algo, que no me acababa de sentir bien ni mis digestiones eran del todo adecuadas.

 

TERCER PASO: REDUCIR GRASAS, AUMENTAR FRUTA.

Fue entonces cuando me llegó información acerca de la dieta 801010 de Douglas Graham, que básicamente afirma que el problema de la candidiasis radica en el consumo excesivo de grasas, y no en el azúcar. Muy resumidamente, propone comer al menos un 80% de hidratos de carbono en forma de frutas y verduras, y máximo un 10% de calorías procedentes de proteínas y grasas. Me costaba mucho creer que alguien con candidiasis “debiera” comer tanta fruta sobre todo dulce (para mí estaba asociada a gases y dolor), pero por otro lado exponía claramente cómo está demostrado que el excesivo consumo de grasas bloquea la producción de insulina, y por tanto ésta no puede metabolizar el azúcar presente en sangre, quedando ésta a disposición de las cándidas.

Esta información encajó conmigo, ya que era consciente de que para intentar saciar el hambre que me provocaba no consumir hidratos de carbono tiraba mucho de aguacates, coco, cacao y frutos secos. Así que el último paso que di fue eliminar durante unos días el consumo de grasas, y tras esto, comenzar a reintroducir frutas dulces, descubriendo que había una en especial que me hacía sentir estupendamente bien: el plátano. Poco tiempo después descubrí que esto era debido a su alto contenido en triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina, neurotransmisor de la “felicidad”.

Así, tras unas semanas comiendo 100% crudo y llevando a cabo más o menos fielmente la 801010, en la primavera-verano de 2013 mis últimos síntomas acabaron de desaparecer. Digestiones ligeras, nada de flujo vaginal, volver a dormir bien, una energía y una alegría desbordantes…

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¿CÓMO ME HE SENTIDO DESDE ENTONCES?

Tras los primeros meses comiendo al 100% crudo, en otoño de 2013 volví a comer cocinado primero esporádicamente, y después de manera cada vez más frecuente hasta establecerme en el punto en el que estoy en la actualidad, llevando una alimentación al menos en un 80% cruda, alta en frutas y baja en grasas, y con algo de cocinado saludable (verduras, patatas al vapor, quinoa o arroz integral) habitualmente en la cena, e incluso permitidos no saludables esporádicamente (fritos, azúcar, gluten). Me encantaría poder prescindir completamente de estos permitidos no saludables, pero por diversas cuestiones hoy por hoy me resulta complicado, así que al menos intento evitarlos lo máximo posible.

En este año y medio sólo he tenido un par de brotes de candidiasis, en etapas en las que he manejado mucho estrés y he comido fatal. Lo que antes eran síntomas constantes, ahora son una muy rara excepción, y desaparecen enseguida (normalmente no más de 24-48h). El resto del tiempo me siento francamente bien, sobre todo en los días en que estoy al 100% crudo. Para mí comer al 100% crudo es igual a sentirme a un 9 o 10 de felicidad y salud, y comiendo cocinado saludable me siento en torno a un 8, lo cual teniendo en cuenta que hace dos años me sentía en torno a un 1 o 2 , no está nada mal, ¿no creen?

La única diferencia que noto cuando como demasiado cocinado o procesado es que me siento con menos energía, que mis digestiones son más pesadas y me siento más triste y apática (¿cuántas depresiones sin motivación aparente no estarán causadas por la alimentación?), pero si es algo esporádico en cuanto vuelvo a una alimentación alta en frutas y crudos me vuelvo a sentir genial.  Aún así, soy consciente de que aún me queda un largo camino de aprendizaje, y algunos problemas de salud que solucionar, como terminar de sanar mi hígado y equilibrar mi sistema hormonal.

DICHO TODO ESTO, ¿LA CANDIDIASIS SE CURA?

ABSOLUTAMENTE SÍ. ¿Significa esto que no volverás a tener ningún brote o que podrás volver a comer lo que quieras sin que te afecte negativamente?  NO.

Con la candidiasis ocurre lo mismo que con cualquier otra enfermedad: cuando dejas de cuidarte o fuerzas demasiado a tu cuerpo, éste se manifiesta a través de una serie de síntomas con las que poder reparar el daño y restablecer su equilibrio. Pero la buena noticia es que existe una manera en que puedes llegar a sentirte realmente bien, y cuando consigues sanar física y emocionalmente puedes permitirte “caprichos no saludables” ocasionalmente, pues tu cuerpo posee la suficiente energía vital como para reparar el daño sin mayores consecuencias.

¿CUÁLES CREO QUE HAN SIDO MIS FACTORES DE ÉXITO?

  • TERAPIA EMOCIONAL. Siempre digo que estoy convencida de que sin el proceso de autonocimiento y crecimiento personal que viví gracias a la terapia gestalt no me hubiera curado tan rápido. Para mí la alimentación es la base, las raíces, pero desde ahí todo lo demás es autonocimiento y crecimiento a nivel emocional/espiritual. Yo tuve que aprender a “tragar” menos para asimilar mejor las cosas que me sucedían (comía), a centrarme en poquitas cosas que realmente me nutrieran e hicieran sentir satisfecha y feliz, y a poner límites y decir que no. Sané la relación con “la madre” (la biológica, la comida, los cuidados, la ternura, el amor incondicional), y eliminé de mí la culpabilidad y la fantasía de que si era perfecta me querrían más. Mejoré mi autoestima, y comprendí que no sólo no soy ni estoy “sucia” (los hongos se alimentan de lo sucio, lo podrido), sino que además merezco que me amen y me cuiden tal y como soy ^^
  • Mantener una alimentación en al menos un 70-80% cruda baja en grasa.
  • Llevar 8 años con una alimentación 100% vegetal me permitió eliminar gradualmente los tóxicos de origen animal, y acortar el tiempo de transición que necesitan otras personas que sí comen animales.
  • Los ayunos /detox. Aunque hoy no los realizaría de la misma manera, en su momento me sirvieron para permitir descansar a mi sistema digestivo y aprender muchísimo de mí misma, y bien asesorados y llevados a cabo me parecen un excelente método de depuración, regeneración y contacto con una misma.
  • La hierba de trigo (wheatgrass) tomada en ayunas. Sigue siendo de mis superalimentos favoritos <3 Un excelente limpiador intestinal, regenerador de la sangre e hipernutritiva.
  • Hacer una transición progresiva, sin prisas. Cultivar la PACIENCIA.
  • Hacer comidas sencillas y masticar y ensalivar muy bien.
  • Preguntarme siempre: ¿qué tengo que aprender? ¿Qué me quiere decir este síntoma? Confiar, confiar y confiar 🙂

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