La salud comienza en el intestino (IV): salud emocional.

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Aunque la mayoría intuimos al menos que existe una relación clara entre las emociones y la digestión, cuando surgen trastornos emocionales o del sistema digestivo, la mayor parte de las personas suelen acudir, por un lado, a un profesional de la psicología o psiquiatría, y por el otro, al especialista en sistema digestivo, quienes, en el mejor de los casos, conseguirán ponerles una etiqueta diagnóstica que les permita darle nombre y sentido a su sintomatología. Sin embargo, son pocos los profesionales que contemplan abordar la sintomatología de sus  pacientes desde ambas perspectivas, buscando acompañar y ayudar a resolver dificultades a nivel emocional, teniendo en cuenta el cuidado de la comida y de la salud intestinal.

Mi formación y experiencia tanto profesional como personal en ambas disciplinas me permite discernir con un poco más de claridad este tipo de cuestiones, y transmitir a las personas que acuden a consulta el sentido de la interrelación que existe entre lo que comen, el estado de su sistema digestivo (sobre todo su intestino y flora bacteriana), y cómo se sienten.

Más allá de las conocidas expresiones populares, que ejemplifican cuando tenemos que hacer “de tripas corazón” ante una situación desagradable, “tragar” con ello, “tener estómago”, o incluso “cagarnos” de miedo, a nivel físico existe una comunicación bidireccional que conecta al sistema nervioso central (compuesto por el cerebro y la médula espinal) con el sistema nervioso entérico, es decir, el sistema nervioso digestivo-intestinal.

Esta bidireccionalidad explica cómo todas podemos sufrir alteraciones en nuestra digestión ante una situación estresante, nervios o un disgusto, pero también mejorar nuestro estado de ánimo tras una buena comida. Es decir, que buenas sensaciones digestivas se traducen también en buenas sensaciones psicológicas.

Tal y como os comencé a transmitir en las entradas relativas a flora bacteriana y sistema inmunológico, las recientes investigaciones sobre la microbiota comienzan a demostrar la capacidad que poseen las bacterias para alterar no solo nuestras digestiones y sistema de defensas, sino también nuestro cerebro, emociones y conducta. De esta manera, cada vez más estudios clínicos apuntan a la relación que puede existir entre la flora bacteriana y nuestra capacidad para sociabilizarnos, regular el estrés y la ansiedad, procesos inflamatorios crónicos, trastornos del espectro autista y depresión.

Por poner tan solo un ejemplo, uno de los neurotransmisores más relacionados con las emociones es la serotonina. Este neutrotransmisor, relacionado directamente con cuestiones como el humor, el control de la ira y la agresión, el sueño, la sexualidad o el apetito, así como con los estados depresivos (los medicamentos antidepresivos buscan regular sus niveles), se produce en un 10% en las neuronas del sistema nervioso central, y, ¿a que no sabéis qué?, hasta en un 90% en las células del tracto gastrointestinal.

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Hecha este pequeña introducción, ¿cómo podemos incrementar nuestro bienestar digestivo y emocional?


El abordaje que yo propongo a mis pacientes contempla el trabajo en ambos frentes.

  • La psicoterapia implica un trabajo profundo sobre la manera en que nos relacionamos con nosotras mismas y nuestro entorno, permitiéndonos gestionar de maneras más eficaces y saludables la manera en que afrontamos el estrés, nuestra relación con la comida, o las situaciones angustiosas que nos cuesta resolver. En mi caso, hago uso de la terapia Gestalt, la artemediación, la bioenergética y el método de la Dra. Schnake para establecer diálogos con el cuerpo.
  • La nutrición. Tan o más importante que comer, resulta NUTRIRNOS, y para ello, gozar de una buena permeabilidad intestinal y flora bacteriana que nos permita asimilar lo que necesitamos, y eliminar lo que nos daña e intoxica. En un próximo post hablaré de los nutrientes esenciales para la salud emocional, para no alargar demasiado éste.
  • Meditación y respiración consciente. Estas dos técnicas no solo nos ayudan a mejorar la oxigenación de nuestro cuerpo y a aumentar nuestra capacidad de prestar atención a lo que nos sucede, sino también a ofercer un masaje suave sobre nuestros órganos abdominales, y liberar neurotransmisores relacionados con sensaciones placenteras.
  • Masaje. Ya sean técnicas manipulativas suaves y sencillas, o el simple acto de acompañarnos y darnos calor en el vientre a través de nuestras manos, pueden posibilitar el alivio de muchos síntomas.

En definitiva, nuestro sistema digestivo nos habla. Tan solo tenemos que aprender a interpretar las señales y procurarle el mejor de los cuidados para que él, a su vez, se encargue de guiarnos y proporcionarnos las mayores satisfacciones vitales.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
– “Las maravillas de la flora”, de la Dra. Mas. Amat editorial.
– “Mejore su digestión”, del Dr. Saz. RBA ediciones.

3 Comentarios

  1. Que bien sientan los masajes y saber todos los beneficios que da la buena nutrición y meditación.

  2. Muy buen artículo, como siempre Estefanía

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